Aniversario de la «Semana Trágica»

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Se cumple hoy un nuevo aniversario del comienzo de la “Semana Trágica”. Se le dio ese nombre a la represión y masacre que sufrió el movimiento obrero argentino durante la semana que se inició, hace 101 años, el día 7 y que culminó el 14 de enero de 1919.

Los trabajadores de los “Talleres Metalúrgicos Pedro Vasena e hijos”, procurando una mejora salarial y la reducción de la jornada laboral a ocho horas, se habían declarado en huelga en diciembre de 1918. No encontraron repuesta a sus reclamos, ni buena voluntad de parte de las patronales, decididas a no acceder al cambio de las ominosas condiciones laborales que padecían los obreros.

Las condiciones de vida de los trabajadores argentinos habían comenzado a empeorar con el comienzo de la Primera Guerra Mundial. La reducción de los embarques de cereal perjudicó al campo. Miles de arrendatarios y obreros rurales debieron trasladarse a las ciudades en busca de empleo, aumentando la ya importante masa de desocupados. Esto afectó el nivel de trabajo y redujo notablemente los salarios. Las empresas metalúrgicas intentaban reducir costos. Para completar el dramático cuadro, entre 1916 y 1919, en Buenos Aires el costo de vida aumentó casi un 100%. En ese marco la huelga se prolongó y se desató un conflicto sindical generalizado.

Talleres Vasena tenía sus depósitos en el barrio de Nueva Pompeya, fue en esa localidad donde se produjeron los primeros enfrentamientos entre los huelguistas y las fuerzas de seguridad – policías y bomberos- que secundaban la acción de los rompehuelgas. El primer día tuvo como resultado cuatro compañeros muertos y cuarenta heridos, todos ellos obreros.

El gobierno osciló entre su política de mediación en los conflictos laborales y la adopción de medidas altamente represivas, que incluyeron el apoyo a grupos parapoliciales, la orden de represión por medio del Ejército, la tortura y la simulación de ataques contra objetivos gubernamentales.

Todas esas fuerzas unidas detuvieron, persiguieron y asesinaron a obreros e inmigrantes, muchos de origen judío, lo que produjo el único “pogromo” conocido en América, en los barrios de Once y Villa Crespo. Esa palabra rusa (que significa “devastación”) refiere en el linchamiento multitudinario, espontáneo o premeditado, de un grupo particular, étnico, religioso u otro, acompañado de la destrucción o el expolio de sus bienes (casas, tiendas, centros religiosos, etcétera). Por su parte la población respondió con una pueblada generalizada.

La represión dejó un saldo de cientos de muertos (las estimaciones de la época hablan de 700 muertos), decenas de desaparecidos -entre ellos gran cantidad de niños-, miles de heridos y decenas de miles de detenidos.

El mismo gobierno que reprimió tuvo luego que reconocer la justicia del reclamo y días después accedió a lo solicitado por los obreros. Nunca se informó oficialmente sobre la represión, ni se publicó la lista de muertos.

Hoy los metalúrgicos queremos mantener vivo el recuerdo de estos hechos deplorables y a su vez nos sentimos honrados de pertenecer a ese grupo de compañeros valientes que defendieron sus derechos y su dignidad a costa de sus vidas.

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