Evita

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Evita enfermó de cáncer a muy temprana edad. El primer indicio de que su salud no estaba bien la encontró trabajando. Fue el 9 de enero de 1950, cuando se desmayó en el acto fundacional del Sindicato de Taxistas. Tenía 30 años.

A principio de 1951 se desvaneció, también trabajando arduamente, en la Fundación Eva Perón. A partir de ese momento se decidió trasladar su oficina a la residencia presidencial ubicada donde hoy se encuentra la Biblioteca Nacional. Allí continuó con su apasionada labor.

A pesar que su salud la debilitaba cada vez más, de todos modos continuaba participando en los actos públicos. Dejando «jirones de su vida».

El 17 de octubre de 1951 en la que fue la primera transmisión de la televisión argentina, Evita se despidió del pueblo en cadena Nacional. Ese emotivo discurso fue sin dudas un gran testamento político. Su corazón «sabía». Mencionó nueve veces su propia muerte.

Fue operada el 5 de noviembre de 1951 en el Hospital de Avellaneda, donde seis días después, como fruto de su propia lucha, votó en su propia cama, para las elecciones en las que Perón fue reelecto.

Falleció el 26 de julio de 1952. Hoy a 65 años de su partida, todavía resuenan sus palabras:

«Y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria»

Los metalúrgicos honramos su memoria.

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