Don Martín Miguel de Güemes

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Este 17 de Junio recordamos con justicia al hombre que, al mando de sus “Dragones Infernales” (División Infernal de Gauchos de Línea), fue la peor pesadilla para los poderosos ejércitos invasores realistas durante la Guerra de Independencia.

Esta heroica lucha de milicias y guerrillas tuvo lugar particularmente en la Provincia de Salta (en ese entonces incluía también a los actuales Jujuy y Tarija), por lo que la Guerra Gaucha se libraba también allí, e incluso en territorios que luego serían de la Gobernación de Los Andes.

Fue una larga serie de enfrentamientos casi diarios; en su mayoría, apenas cortos tiroteos seguidos de retiradas. En esas condiciones, unas fuerzas poco disciplinadas y mal equipadas, pero apoyadas por la población, podían hacer mucho daño a un ejército regular de invasión.

Con apenas 20 años Martín Güemes protagonizó con coraje y valentía “la batalla imposible” en la Reconquista de Buenos Aires, durante las invasiones inglesas en Defensa de la ciudad el 12 de agosto de 1806.

Fue una de las muy pocas veces en la historia que un buque de guerra fue capturado por una partida de caballería.

Recorte del Diario El Norte:

«Cuando Martín Miguel de Güemes capturó un barco inglés a caballo»

«…Así el 12 de agosto, el muchacho moreno de ojos de pólvora combatía contra los ingleses en la ribera del río al mando de una partida de caballería.

Desde el río, el buque Justina azotaba con sus cañones a las tropas criollas que querían acercarse al fuerte por la costa o por las calles cercanas. El barco había peleado con fiereza con sus 26 cañones y sus más de 100 tripulantes entre oficiales y marineros. Pero el río traidor les jugó una mala pasada. Una bajante repentina hizo que la nave encallara a pocos metros de la costa. Enterado de ésto, Liniers se dirigió a Güemes y le ordenó que al frente de un escuadrón de Husares de Pueyrredon siguiera al barco desde la costa. Pero Martín y sus gauchos se salían de la vaina por atacar a los invasores. Contrariando la orden de sus superiores, miró a sus soldados y las sonrisas de sus compañeros de guerra lo envalentonaron. En ese momento tomó las riendas, taconeó a su caballo y enfiló hacia el río al grito de carga. Sus soldados lo siguieron envueltos en un grito que dejó pasmados a los tripulantes de la nave.

Los caballos enfrentaron al río color marrón bufando y relinchando, mientras sus jinetes disparaban sus armas, tacuaras y sables en mano, y desde La Justina devolvían el fuego.

Güemes y los suyos llegaron hasta el buque atacándolo por todos los flancos y sucedió lo imposible: el capitán del barco inglés levantó un trapo blanco en señal de rendición.

Martín ordenó el alto el fuego y abordó la nave para hacerse cargo. Los ingleses, entonces, descubrieron que habían perdido la batalla a manos de un jovencito alto, moreno de ojos profundos que hablaba con un acento extraño.

Para esos jinetes que realizaron el bizarro abordaje, el río color de león había sido el campo de batalla más movedizo que habrían de conocer.

La Guerra Gaucha

Güemes, y sus hombres (un escuadrón de “gauchos”) integraron el Ejército del Norte en la primera expedición auxiliadora al Alto Perú, luego de la Revolución de Mayo de 1810. En principio impidieron la comunicación entre los realistas del Alto Perú y sus aliados contrarrevolucionarios y además su accionar fue decisivo en la victoria patriota de Suipacha, el 7/11/1810.

El 29 de Enero de 1814 San Martín lo reconoció como General en jefe del Ejército del Norte, al día siguiente, el 30 de enero de 1814 el General Belgrano le entregó el mando del Ejército del Norte al general José de San Martín.

En ese Enero de 1814 al recorrer la zona de combate San Martín comprobó que los realistas habían cometido las más grandes atrocidades contra los pobladores. Esos extranjeros que supuestamente traían a nuestras tierras la civilización y la fe no respetaron ancianos, niños ni mujeres. Asesinaron en masa, robaron y saquearon de manera vil. Dentro de su indignación San Martín se sintió orgulloso del accionar de Güemes y sus hombres.
San Martín comprendió que sin el apoyo vital de este valiente patriota salteño contra las tropas españolas no hubiese sido posible encarar el cruce
de los Andes y triunfar en la campaña libertadora.

Bajo su mando “Los Dragones Infernales” (no solo por el color rojo de sus ponchos) lucharon heroicamente. En ese ejército no había reclutamiento obligatorio, toda la población participaba voluntariamente. Desde los “changuitos” más pequeños que apenas podían montar hasta los más aguerridos hombres. Todos colaboraron, incluso los sacerdotes, curas gauchos que servían como vigías desde los campanarios de las iglesias y hacían doblar las campanas ante las incursiones del enemigo. Los que no podían luchar, (ancianos, niños y mujeres) actuaban como espías o mensajeros y si era preciso huían con todos los víveres, el ganado, cualquier cosa que pudiese ser aprovechado por el enemigo cuando los realistas se acercaban. Fue la bravía decisión de todo un pueblo harto de la escandalosa corrupción, las injusticias y los crímenes.

Güemes llegó a tener 6.660 hombres en sus filas, gauchos del campo de muy escasos recursos que organizados en grupos de veinte jinetes al mando de un oficial hostigaban a los realistas con golpes relámpago, emboscadas y sabotajes.No tuvieron apoyo del gobierno central ni de las clases adineradas pero estaban decididos y utilizaron todo lo que tuvieron a mano. Todo fue útil, lanzas, los escasos fusiles y carabinas, pero también boleadoras, azadas, palos y machetes, sus herramientas de trabajo convertidas en improvisadas armas de un pueblo que luchó con su líder, sabiendo que estaban muy solos pero igualmente dispuestos a enfrentar con todas sus fuerzas a ese ejército que había vencido a Napoleón.

Los gauchos de Güemes respondieron siete de las diez invasiones que se pretendieron realizar por la frontera del Alto Perú y mantuvieron al resto del territorio argentino libre de invasiones realistas.

Los invasores enfrentaron en nuestro país a este insigne guerrillero argentino que batalló sin cesar, hasta la muerte, con muy pocos recursos, con el solo estímulo y reconocimiento de hombres heroicos como Belgrano y San Martín, y con el amor y la entrega de un pueblo valiente y patriota.

El 7 de junio de 1821 fuerzas realistas entraron en la ciudad de Salta e hirieron de muerte a Martín Miguel de Güemes, murió diez días después, el 17 de junio de 1821, a los 36 años de edad en la Cañada de la Horqueta, fue el único general argentino caído en acción de guerra exterior.


San Martín siempre tuvo palabras de admiración, orgullo y gratitud para con Güemes y sus gauchos: «Los gauchos de Salta solos están haciendo al enemigo una guerra de recursos tan terrible que lo han obligado a desprenderse de una división con el solo objeto de extraer mulas y ganado”.

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